(Fotos: A. Sáiz/Delegación Medios Comunicacion Arzobispado Valencia)
El informe PISA ha supuesto un terremoto en el mundo educativo en particular, pero también en la sociedad en general, ante la evidencia de la tendencia descendiente en la calidad educativa. Dentro de ello, las cifras también destacan que los colegios concertados en general, y en la Comunitat Valenciana, obtienen puntuaciones notablemente más altas en en las estadísticas del Informe PISA. La escuela concertada mayoritariamente católica muestra mejores resultados.
Escuelas Católicas afirma que «educar es más que obtener buenos resultados académicos» y reivindican «una educación integral que, junto con la formación académica, ayude a los alumnos a desarrollar su personalidad, afrontar las dificultades y construir su propio proyecto de vida». En este sentido, advierte que «las reformas han mermado la autonomía de los centros, un pilar esencial para la innovación y solidez de los proyectos educativos» y piden que «los centros puedan desarrollar sus propios proyectos educativos y ofrecer una formación basada en los valores del Evangelio», además del incremento de recursos humanos especializados y mayor rigor académico.
Los resultados del Informe dejan al descubierto el fracaso de políticas educativas, que según advierten los portavoces de las entidades educativas y asociaciones de padres y madres, «están más preocupadas porque los alumnos pasen de curso y obtengan títulos académicos, que en los resultados del proceso de aprendizaje de los alumnos. Rebajar los niveles de excelencia académica es un grave error y los efectos los estamos viviendo informe tras informe».
Los colegios diocesanos y la multiculturalidadLos colegios diocesanos son la prueba viviente de que el debate no es «pública versus concertada». los colegios diocesanos y escuelas católicas son ejemplos de atención a los niños y niñas de familias vulnerables. Como afirman, «una escuela católica no puede perder de vista a quienes más necesitan apoyo: alumnos con necesidades educativas especiales, familias en situación de vulnerabilidad o menores expuestos al acoso o a los abusos». Incluso hacen mención especial a la grave crisis de los menores en Ceuta ante la que «pedimos a las autoridades que los menores, tanto aquellos que huyen de la pobreza como aquellos ya escolarizados, sean respetados y protegidos».
Ceuta es un reflejo de multiculturalidad que nos traslada a la labor de algunos colegios diocesanos valencianos, que saben bien de la experiencia de la convivencia en la multiculturalidad. De entre ellos el colegio Santiago Apóstol, en El Cabanyal, en los Poblados Marítimos, vive muchas mezclas de diferentes etnias y culturas. El director, Jordi Bosch, señala que «el barrio al final es un punto de encuentro de varias culturas, evidentemente, el colegio es un poco el reflejo. Como las actividades que hacemos son abiertas al barrio y gratuitas todas, evidentemente es un encuentro de las realidades que hay en el barrio, que son muchas y muy diversas, desde pueblo gitano hasta colectivo migrante, y los valencianos de varias generaciones, y poder tener ese punto de encuentro y sobre todo de conocerse, y así poder trabajar o prevenir ciertas actitudes».
Jordi Bosch¿Qué hay que hacer con los menores que están en Ceuta ahora temporalmente, hay que escolarizarlos?. Jordi Bosch afirma «creo que con cualquier menor de edad lo que hay que hacer es tratar de cumplir la Carta de los Derechos Humanos, a partir de ahí el resto. Yo creo que con eso ya lo tendríamos, es decir, son niños y niñas, son menores de edad, tenemos una legalidad vigente que hay que respetar y dentro de las posibilidades, intentar poder atender a esos menores como hacemos en cualquier sitio». Si los menores que están en Ceuta fueran trasladados a la península y ser escolarizados, siempre los colegios diocesanos definen por acoger y acompañar. « Nuestras plazas que tenemos en el centro son abiertas a toda la ciudadanía». ¿Incluidos los niños de Ceuta? « incluidos los menores de edad que ahora mismo están en Ceuta sin escolarizar, por supuesto».
Estos colegios diocesanos son el centro sobre el que se asienta la atención a familias en exclusión, afectadas por situaciones económicas y sociales, que si no fuera por el colegio tendrían poco y ningún acceso al «ascensor social». Es el punto de encuentro para la escolarización de los menores y para el cuidado de las familias, padres y madres que son atendidos para su formación y para su inclusión en el mundo laboral, a veces también la reinserción. Por eso el inicio de Curso en estos colegios es, si cabe, aún más emocionante, porque el colegio se abre a la proyección de la vida de los menores y de todo un barrio, como dice Jordi Bosch, «la verdad, estamos muy contentos de recibir a las familias y al alumnado. Es una mañana muy emocionante, de mucho reencuentro y con una asistencia total. Con las familias, con ganas de empezar a retomar todos los programas de formación, de inserción laboral para las familias y con los alumnos. Con todos los programas de repaso escolar, de refuerzo escolar, programas deportivos que hacen que prácticamente nuestros alumnos pasen la mayor parte del día con nosotros. También hacemos actividades los fines de semana, conseguimos que nuestros alumnos y alumnas se encuentren con alumnos de otros coles, actividades culturales, para que el vecindario pueda tener un punto de encuentro y de convivencia para el barrio».
Esa parte de acompañamiento, educación y formación que no corresponde a lo meramente lectivo, es un factor identificador de la enseñanza en los colegios católicos valencianos. En octubre de 2024, con la trágica DANA, muchos colegios quedaron completamente destruidos por la riada o afectados gravemente, lo que propició que los alumnos tuvieran que cambiar de centro o desplazarse a otros municipios para continuar con sus estudios. Los colegios de Escuelas Católicas y los Colegios Diocesanos abrieron sus puertas de forma solidaria para acoger y escolarizar a los alumnos, y aunque estuvieron sobrepasados de ratio, respondieron ante la emergencia. Como hemos podido comprobar en este inicio de Curso, los niños continúan en los centros escolares en los que fueron acogidos, y también se han dado casos de familias que han cambiado su residencia para continuar la escolarización en el mismo centro.
«Superestrellas»En la apertura de Curso algunos colegios han recibido a los alumnos a ritmo de una de las canciones que es imposible que ninguno de ellos ni sus padres tengan identificada, ‘Superestrella’, la hemos oído hasta en el Mundial. ¿Y por qué esta canción?, porque todos y cada uno de ellos, son reconocidos con identidad propia y en toda su dignidad, para todos los profesionales del colegio, y así se fueron uniendo a sus tutores y profesores, en cada nivel de enseñanza, con una sonrisa y grandes retos, sin distinciones, y con plena capacidad para desarrolar su proyecto personal, apoyados por la gran familia educativa.
«Cada familia tiene que marcar normas e incentivar»La inteligencia artificial y la transformación digital, son dos de los grandes retos de este Curso. La CONCAPA (Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos) subraya que la respuesta a la tecnología «no puede ser solo prohibir», otras entidades del mundo educativo añaden que consideran necesario superar el debate excesivamente polarizado sobre las pantallas y centrar los esfuerzos en formar a profesores y alumnos para hacer un uso responsable de la tecnología. «Con la excusa de que se puede buscar todo en Internet y el trabajo colaborativo, al final no se les forma. Cuando uno intenta incentivar a sus hijos en casa para que cojan un libro, es imposible por el enemigo que es el teléfono móvil y las pantallas». Por eso el vicepresidente afirma que «es aconsejable que cada uno en su casa empiece a asumir como familia todas las carencias que encontramos en el colegio». Frente a la invasión tecnológica, «de manera individual tienen que marcar unas normas, incentivar a los críos y tratar de trabajar con ellos la riqueza que pueda aportar la lectura».
Por último, hay que reconocer que el profesorado tiene una carga no reconocida. «Para remediarlo, «se está intentando incorporar más gente pero a base de bajar el nivel del profesorado para cubrir los puestos. Los equipos directivos todos intentan trabajar y ayudar, pero se encuentran mucha carga de protocolos que les impone la Administración y que les quita tiempo para tutorías o desarrollar bien la docencia».
En definitiva, para ello sería necesario un Pacto Educativo alejado de la confrontación partidista, que sea capaz de superar legislaturas, y defendiendo la formación integral y moral de los colegios católicos, garantizar la financiación adecuada de los conciertos frente a la caída de la natalidad y restituir el peso y voto de los padres en la toma de decisiones de los centros escolares.
Se hace necesario, según reivindican, fomentar la cultura del esfuerzo, reducir la burocracia docente, aportar certezas normativas y financieras frente a retos como la natalidad y la tecnología; financiar planes específicos de tutoría y refuerzo adaptados para que ningún alumno con dificultades se quede atrás; liberar a los docentes para que puedan centrarse en la enseñanza, y el reto de formar críticamente a los alumnos ante la irrupción de la Inteligencia Artificial.
En los resultados del Informe PISA, la Comunitat Valenciana tiene el retroceso más severo de todo el territorio nacional, situándose a la cola de España en las tres disciplinas analizadas. A nivel nacional y autonómico, la Comprensión Lectora es la disciplina que registra la mayor brecha de rendimiento a favor de los centros de la red concertada. En Ciencias es la asignatura donde la Comunitat Valenciana sufre la mayor brecha absoluta: se queda 27 puntos por debajo de la media española, los mismos 27 puntos por debajo de la media española, donde el resultado autonómico marca un mínimo histórico. En Matemáticas aunque es la materia en la que la brecha respecto al país es matemáticamente menor, los resultados sitúan a la región en la antepenúltima posición de la tabla nacional, 22 puntos por debajo de la media española. Como dato para dimensionar esta pérdida, la OCDE calcula que una diferencia superior a 20 puntos equivale aproximadamente a la pérdida de todo un curso escolar de aprendizaje.